Atentado con bomba en el centro de Caracas
A las 10:30 a.m., el 24 de junio de 1960, una bomba arrojada estalló frente al automóvil presidencial de Rómulo Betancourt mientras él transitaba por la Calle Urdaneta en el centro de Caracas. El ataque causó quemaduras leves en la mano izquierda y la cara del presidente, así como heridas a siete personas más, incluidos dos miembros de seguridad y un periodista de *El Nacional*. Betancourt no cayó; se levantó solo, rechazó la ayuda y asistió a un acto oficial en el Palacio Miraflores después de recibir tratamiento inicial. El autor, identificado posteriormente como miembro de un grupo armado prodictador Rafael Trujillo de la República Dominicana, fue arrestado tres días después en la ciudad de La Guaira.Venezuela bajo la sombra del dictador
El año 1960 no fue un año normal para Venezuela. El país acababa de salir de dos décadas de gobierno dictatorial: primero Juan Vicente Gómez (1908-1935), luego Marcos Pérez Jiménez (1952-1958). Betancourt, quien regresó de exilio en 1958, ganó las primeras elecciones libres en la historia del país—con el apoyo generalizado de diversos partidos, incluido el Partido Comunista de Venezuela (PCV) y el Partido Socialista de Venezuela (PSV). Sin embargo, el nuevo gobierno no logró obtener un apoyo unánime: los conservadores, los antiguos oficiales militares leales a Pérez Jiménez y las empresas multinacionales de petróleo—especialmente Standard Oil—se opusieron a las políticas de nacionalización de recursos naturales y a las nuevas leyes laborales que ampliaban los derechos de los trabajadores y reducían las horas de trabajo.Rómulo Betancourt: No solo un presidente, sino fundador del sistema
Nacido en Ciudad Bolívar el 22 de febrero de 1908, Betancourt no era un líder revolucionario armado, sino un intelectual práctico que creía en instituciones, constituciones y diplomacia. Fundó el Partido Acción Democrática (AD) en 1941, y en 1945 lideró un *golpe blando*—una toma de poder sin sangre—que derrocó al presidente Isaías Medina Angarita. Bajo su liderazgo, Venezuela se convirtió en el primer país de América Latina en celebrar elecciones presidenciales directas y libres tras la era dictatorial. Su política principal no era solo económica: introdujo la *Doctrina Betancourt*, que rechazaba formalmente la reconocimiento de cualquier gobierno que subiera al poder mediante golpes de Estado—un principio que más tarde se convirtió en la base de la OEA para manejar crisis democráticas en la región.El atentado cambió todo
El atentado del 24 de junio de 1960 no fue un incidente aislado—fue parte de una conspiración transfronteriza que involucró a inteligencia dominicana, agentes secretos chilenos y el apoyo encubierto de grupos anticomunistas en Washington. Los documentos revelados en 2007 por el *National Security Archive* muestran que la CIA sabía sobre el plan pero no advirtió al gobierno venezolano. Como resultado, Betancourt fortaleció la cooperación con países democráticos de América Latina—especialmente Colombia y Perú—y aceleró la formación de la *Alianza para el Progreso* junto al presidente John F. Kennedy en 1961. En el interior del país, el atentado aceleró la aprobación de la Ley de Seguridad Nacional de 1961, que otorgó mayores poderes a la policía para investigar actividades subversivas—pero también generó críticas sobre la supresión de la libertad de expresión.El legado que sigue resonando hoy en día
Betancourt sirvió hasta 1964, y aunque no volvió a ser presidente después de eso, permaneció como consejero informal del gobierno y voz principal en temas de soberanía económica. Falleció el 28 de septiembre de 1981 en Nueva York debido a complicaciones cardíacas—no debido a las heridas del atentado de 1960. Sin embargo, la huella del atentado sigue siendo evidente: en la Plaza Bolívar de Caracas, una placa de piedra con fecha del 24 de junio de 1960 fue instalada en 2010—no para conmemorar el fracaso del asesinato, sino como señal de que la democracia venezolana alguna vez fue atacada—y sobrevivió. Para las nuevas generaciones de historiadores en la Universidad Simón Bolívar, este evento no es solo un episodio del pasado; es la primera prueba del sistema democrático venezolano—y su respuesta no fue violencia retaliatoria, sino leyes, transparencia y confianza en el proceso electoral.
