El mundo de la ciencia suele asociarse con descubrimientos rápidos, tecnología avanzada y reacciones químicas que ocurren en cuestión de segundos. Sin embargo, en un rincón de un laboratorio de la Universidad de Queensland, en Brisbane, Australia, se encuentra un experimento de física que avanza al ritmo más lento del mundo. El Experimento de la Gota de Alquitrán (Pitch Drop Experiment), iniciado en 1927, ostenta el Récord Guinness Mundial como el experimento de laboratorio continuo más longevo de la historia humana.
El propósito original del experimento era tan simple como profundo: demostrar a los estudiantes que una sustancia que parece dura y sólida a temperatura ambiente es, de hecho, un líquido con una viscosidad muy alta. El material utilizado es alquitrán bituminoso, un subproducto del procesamiento del petróleo que es tan duro que puede romperse con un martillo. Sin embargo, a pesar de su aspecto físico aparentemente firme, el alquitrán fluye lentamente por la acción de la gravedad.
Desde 1927: Un experimento que atraviesa la línea del tiempo
La historia de este descubrimiento comenzó cuando el profesor Thomas Parnell, el primer jefe del departamento de física de dicha universidad, decidió diseñar una demostración científica única. Calentó una muestra de alquitrán bituminoso y la vertió en un embudo de vidrio cerrado. El material se dejó compactar y estabilizar durante tres años para garantizar que no quedaran burbujas de aire atrapadas.
En 1930, la parte inferior del embudo de vidrio fue cortada para iniciar el proceso de flujo. Desde ese momento, el alquitrán comenzó a formar una gota muy lentamente. La primera gota tardó ocho años en formarse y finalmente se desprendió y cayó en octubre de 1938. Este éxito demostró que la viscosidad del alquitrán es aproximadamente 230 mil millones de veces más espesa que la del agua común.
El recorrido de este experimento continuó década tras década. La segunda gota cayó en 1947, mientras que la tercera lo hizo en 1962. El largo intervalo entre cada gota convierte este experimento en un fenómeno que exige una paciencia extraordinaria por parte de los investigadores que lo supervisan.
El misterio de los encuentros siempre frustrados
Lo más extraño y divertido de este experimento no es la velocidad del flujo de alquitrán, sino la mala suerte que ha perseguido a los científicos encargados de vigilarlo. A pesar de haber estado en marcha durante décadas, ninguna persona ha presenciado jamás el momento en que una gota se separa del embudo y cae en directo con sus propios ojos.
El profesor John Mainstone, un científico que asumió la tarea de supervisar este experimento durante más de 50 años, experimentó una serie de infortunios bastante insólitos. En 1977, cuando se esperaba la caída de la séptima gota, decidió salir un momento a tomar un refresco y se perdió el momento crítico por cuestión de minutos. En 1988, mientras se formaba la octava gota, volvió a perdérsela por salir brevemente del laboratorio a comprar una bebida.
Los esfuerzos por registrar este fenómeno utilizando tecnología moderna en el año 2000 también arrojaron resultados decepcionantes. Una cámara web instalada especialmente para monitorear la gota sufrió una avería técnica repentina justo en el momento en que esta se desprendía, lo que hizo que el histórico momento volviera a quedar sin grabar. Fue recién en 2014, mediante una grabación con cámara digital de última generación durante el proceso de sustitución de un vaso de precipitados, cuando se pudo registrar el movimiento de la novena gota por primera vez en la historia.
Influencia ambiental y descubrimientos en física de fluidos
Aparte del factor suerte y tiempo, este experimento proporciona una comprensión científica crucial sobre la dinámica de los fluidos con una viscosidad extrema. Se descubrió que la tasa de flujo del alquitrán está fuertemente influenciada por los cambios en la temperatura ambiental. Antes de que se instalara un sistema de aire acondicionado en el edificio del laboratorio, las gotas de alquitrán se formaban a un ritmo promedio de ocho a nueve años.
Sin embargo, tras la instalación del sistema de control de temperatura a finales de la década de 1980, el rango térmico se volvió más bajo y estable. Esto hizo que el proceso de formación de las gotas fuera más lento, tardando entre 12 y 13 años en producirse una sola gota. Este hallazgo aportó valiosos datos físicos sobre cómo los materiales macromoleculares responden a las variables del microclima.
Reconocimiento mundial y la filosofía de la madurez científica
En 2005, el profesor Thomas Parnell y el profesor John Mainstone (a título póstumo) fueron galardonados con el Premio Ig Nobel de Física, un reconocimiento internacional a investigaciones que "hacen reír a la gente y luego la hacen pensar". Este reconocimiento demuestra que la ciencia no siempre requiere equipos sofisticados de millones de dólares, sino que el rigor y la continuidad son el núcleo principal del conocimiento.
En la actualidad, el experimento se transmite en directo a través de internet para permitir que miles de aficionados a la ciencia de todo el mundo prueben su suerte y aspiren a ser los primeros seres humanos en ver caer la décima gota. Este experimento se ha convertido en un símbolo de la persistencia de la intención científica más allá de la vida humana, recordando a la sociedad moderna que algunos secretos de la naturaleza exigen mucho tiempo y una gran paciencia para ser desentrañados por completo.
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Referencia: Perkembangan eksperimen fisika ditinjau dari filsafat sains — Google Scholar
El experimento científico más antiguo del mundo: El misterio del alquitrán de Queensland que pone a prueba la paciencia humana. En la Universidad de Queensland, Australia, existe el experimento científico de laboratorio más longevo de la historia humana, iniciado en 1927. Este experimento de la gota de alquitrán fue diseñado para demostrar que el alquitrán, de apariencia sólida, es en realidad un líquido de viscosidad extremadamente alta. Lo curioso es que, a lo largo de casi un siglo, diversos incidentes extraños han provocado que ningún científico haya presenciado jamás la caída de una gota en directo a simple vista.. El mundo de la ciencia suele asociarse con descubrimientos rápidos, tecnología avanzada y reacciones químicas que ocurren en cuestión de segundos. Sin embargo, en un rincón de un laboratorio de la Universidad de Queensland, en Brisbane, Australia, se encuentra un experimento de física que avanza al ritmo más lento del mundo. El Experimento de la Gota de Alquitrán Pitch Drop Experiment , iniciado en 1927, ostenta el Récord Guinness Mundial como el experimento de laboratorio continuo más longevo de la historia humana.
El propósito original del experimento era tan simple como profundo: demostrar a los estudiantes que una sustancia que parece dura y sólida a temperatura ambiente es, de hecho, un líquido con una viscosidad muy alta. El material utilizado es alquitrán bituminoso, un subproducto del procesamiento del petróleo que es tan duro que puede romperse con un martillo. Sin embargo, a pesar de su aspecto físico aparentemente firme, el alquitrán fluye lentamente por la acción de la gravedad.
Desde 1927: Un experimento que atraviesa la línea del tiempo
La historia de este descubrimiento comenzó cuando el profesor Thomas Parnell, el primer jefe del departamento de física de dicha universidad, decidió diseñar una demostración científica única. Calentó una muestra de alquitrán bituminoso y la vertió en un embudo de vidrio cerrado. El material se dejó compactar y estabilizar durante tres años para garantizar que no quedaran burbujas de aire atrapadas.
En 1930, la parte inferior del embudo de vidrio fue cortada para iniciar el proceso de flujo. Desde ese momento, el alquitrán comenzó a formar una gota muy lentamente. La primera gota tardó ocho años en formarse y finalmente se desprendió y cayó en octubre de 1938. Este éxito demostró que la viscosidad del alquitrán es aproximadamente 230 mil millones de veces más espesa que la del agua común.
El recorrido de este experimento continuó década tras década. La segunda gota cayó en 1947, mientras que la tercera lo hizo en 1962. El largo intervalo entre cada gota convierte este experimento en un fenómeno que exige una paciencia extraordinaria por parte de los investigadores que lo supervisan.
El misterio de los encuentros siempre frustrados
Lo más extraño y divertido de este experimento no es la velocidad del flujo de alquitrán, sino la mala suerte que ha perseguido a los científicos encargados de vigilarlo. A pesar de haber estado en marcha durante décadas, ninguna persona ha presenciado jamás el momento en que una gota se separa del embudo y cae en directo con sus propios ojos.
El profesor John Mainstone, un científico que asumió la tarea de supervisar este experimento durante más de 50 años, experimentó una serie de infortunios bastante insólitos. En 1977, cuando se esperaba la caída de la séptima gota, decidió salir un momento a tomar un refresco y se perdió el momento crítico por cuestión de minutos. En 1988, mientras se formaba la octava gota, volvió a perdérsela por salir brevemente del laboratorio a comprar una bebida.
Los esfuerzos por registrar este fenómeno utilizando tecnología moderna en el año 2000 también arrojaron resultados decepcionantes. Una cámara web instalada especialmente para monitorear la gota sufrió una avería técnica repentina justo en el momento en que esta se desprendía, lo que hizo que el histórico momento volviera a quedar sin grabar. Fue recién en 2014, mediante una grabación con cámara digital de última generación durante el proceso de sustitución de un vaso de precipitados, cuando se pudo registrar el movimiento de la novena gota por primera vez en la historia.
Influencia ambiental y descubrimientos en física de fluidos
Aparte del factor suerte y tiempo, este experimento proporciona una comprensión científica crucial sobre la dinámica de los fluidos con una viscosidad extrema. Se descubrió que la tasa de flujo del alquitrán está fuertemente influenciada por los cambios en la temperatura ambiental. Antes de que se instalara un sistema de aire acondicionado en el edificio del laboratorio, las gotas de alquitrán se formaban a un ritmo promedio de ocho a nueve años.
Sin embargo, tras la instalación del sistema de control de temperatura a finales de la década de 1980, el rango térmico se volvió más bajo y estable. Esto hizo que el proceso de formación de las gotas fuera más lento, tardando entre 12 y 13 años en producirse una sola gota. Este hallazgo aportó valiosos datos físicos sobre cómo los materiales macromoleculares responden a las variables del microclima.
Reconocimiento mundial y la filosofía de la madurez científica
En 2005, el profesor Thomas Parnell y el profesor John Mainstone a título póstumo fueron galardonados con el Premio Ig Nobel de Física, un reconocimiento internacional a investigaciones que "hacen reír a la gente y luego la hacen pensar". Este reconocimiento demuestra que la ciencia no siempre requiere equipos sofisticados de millones de dólares, sino que el rigor y la continuidad son el núcleo principal del conocimiento.
En la actualidad, el experimento se transmite en directo a través de internet para permitir que miles de aficionados a la ciencia de todo el mundo prueben su suerte y aspiren a ser los primeros seres humanos en ver caer la décima gota. Este experimento se ha convertido en un símbolo de la persistencia de la intención científica más allá de la vida humana, recordando a la sociedad moderna que algunos secretos de la naturaleza exigen mucho tiempo y una gran paciencia para ser desentrañados por completo.
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Referencia: Perkembangan eksperimen fisika ditinjau dari filsafat sains — Google Scholar https://journal.unuha.ac.id/index.php/JIPFRI/article/view/147