La fuga de gas natural desde debajo de la tierra es un fenómeno geológico que ocurre naturalmente en todo el mundo, pero recibe la atención más dramática cuando el gas se quema. Este fenómeno, llamado "seep" de gas natural en llamas, produce una emisión continua de fuego, a veces durante cientos de años.
El gas más comúnmente involucrado es el metano (CH₄), el componente principal del gas natural. El metano se produce mediante la descomposición de materia orgánica por bacterias anaeróbicas en condiciones específicas bajo tierra, o puede quedar atrapado como subproducto en depósitos de petróleo y gas. Cuando la presión geológica permite que el gas escape a la superficie, puede arder al encontrar una fuente de calor o chispas.
El Cráter de Gas Darvaza en Turkmenistán, popularmente conocido como "la Puerta al Infierno", es uno de los ejemplos más famosos, aunque no completamente natural. En 1971, un equipo de geólogos soviéticos perforó en lo que se consideraba un depósito de petróleo, descubriendo en cambio una gran cavidad de gas. El terreno circundante se hundió, formando un cráter de unos 70 metros de diámetro. Para evitar la liberación de gas tóxico en el área cercana, se quemó con la expectativa de que se apagara en unos días. El gas sigue ardiendo 50 años después.
Hay ejemplos más puros de la naturaleza: "Eternal Flame Falls" en Nueva York, donde una pequeña llama arde detrás de una catarata, alimentada por metano que escapa de capas de esquisto; "Burning Mountain" en Nueva Gales del Sur, Australia, donde capas de carbón han estado ardiendo durante más de 6.000 años; y diversas ubicaciones en todo el mundo donde ocurre fuego natural.
Químicamente, el proceso de combustión del metano es sencillo: CH₄ + 2O₂ → CO₂ + 2H₂O. Sin embargo, sus implicaciones climáticas son importantes: el metano que escapa sin quemarse es un gas de efecto invernadero 86 veces más potente que el CO₂ en un período de 20 años. La combustión lo convierte en CO₂, que es menos perjudicial, aunque el propio CO₂ sigue siendo un problema.
