Uno de los mayores misterios en biología evolutiva es cómo los pulpos, que clínicamente son ciegos a los colores porque solo tienen un tipo de fotoreceptor en sus ojos, pueden imitar los colores del entorno con una precisión asombrosa para camuflaje.
Los pulpos utilizan tres tipos de células especiales en su piel para cambiar su apariencia: cromatóforos (células con membrana que contienen pigmentos coloreados en bolsas elásticas que pueden expandirse y contraerse en milisegundos), iridóforos (células que contienen placas reflectantes que producen colores metálicos mediante interferencia de la luz) y papilas (protuberancias musculares de la piel que pueden cambiar la textura de la superficie de lisa a dentada en menos de un segundo).
Este sistema de control de la piel es muy rápido y preciso: los pulpos pueden cambiar toda la apariencia de su cuerpo en 1/10 de segundo. Esto es más rápido que un parpadeo humano. Lo más sorprendente es que este control ocurre a través del sistema nervioso que envía señales directamente a las células de la piel sin pasar por el cerebro central: cada parte de la piel tiene cierta autonomía en el control.
La teoría actual sobre cómo los pulpos "ven" colores aunque sean ciegos a los colores sugiere que sus pupilas inusuales (con forma de "W" o "U") permiten usar aberración cromática - la diferencia en la forma en que los diferentes colores se enfocan en la retina - para dar información sobre los colores. Otros estudios sugieren la posibilidad de que los propios fotoreceptores en la piel del pulpo permitan el "vista de la piel" - ver la luz directamente a través de la piel sin pasar por los ojos.
