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La retirada parcial de Israel del sur del Líbano: ¿Un paso diplomático o una prueba de resiliencia?

Un informe de Haaretz revela los planes de Israel para retirar parcialmente sus fuerzas de la 'línea amarilla' en el sur del Líbano, una zona de desescalada desde la guerra de 2006. Las negociaciones entre representantes israelíes y libaneses están programadas esta semana para elegir las zonas piloto que serán entregadas al ejército libanés bajo estricta supervisión estadounidense. Este movimiento busca reducir las tensiones fronterizas, pero deja preguntas importantes sobre el compromiso de Hezbollah, la capacidad del ejército libanés y la estabilidad a largo plazo.

22 Jun 20266 min de lectura58 vistasPor Aisyah RahmanMiddle East Eye
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  • Israel mungkin menarik balik tenteranya dari sebahagian selatan Lubnan
  • Rundingan antara Israel dan Lubnan dijadualkan minggu ini
  • Pengunduran itu akan berlaku di bawah pengawasan Amerika Syarikat
La retirada parcial de Israel del sur del Líbano: ¿Un paso diplomático o una prueba de resiliencia?

Imagen: Imej: Middle East Eye

En medio del derrumbe, surge una esperanza frágil

En un pueblo destruido en el sur del Líbano, una mujer se sienta sobre un montón de piedras y madera — lo que quedó de su casa. Sus lágrimas no son solo tristeza personal; es la voz de décadas de conflicto recurrente entre Israel y Hezbollah. Sin embargo, detrás de los escombros, emerge un informe que podría cambiar la dinámica de seguridad fronteriza: Israel está considerando la retirada de sus fuerzas de parte de las zonas del sur del Líbano.

Según un informe exclusivo de *Haaretz*, que cita fuentes dentro de la administración de seguridad israelí, las fuerzas israelíes podrían recibir órdenes de retirarse de manera controlada a lo largo de la 'línea amarilla'. Este paso no es una decisión espontánea, sino el resultado de esfuerzos diplomáticos intensos en los últimos meses. Las negociaciones entre representantes oficiales israelíes y libaneses están programadas para esta semana para determinar las zonas piloto — pequeños sectores a lo largo de la línea — que serán entregados al ejército libanés. La toma de control ocurrirá bajo la supervisión directa de Estados Unidos, incluyendo monitoreo técnico y espionaje en el terreno. El ejército libanés también se espera que asuma algunas ubicaciones adicionales que actualmente no están ocupadas por las fuerzas israelíes.

¿Cuál es realmente el plan de retirada?

Este plan no es una retirada total. Solo implica la retirada controlada de parte de la línea amarilla — una zona de desescalada tras la guerra de 2006 situada al norte de la frontera internacional. Israel ha afirmado históricamente que esta zona es importante para proteger las comunidades del norte contra ataques de cohetes de Hezbollah. Sin embargo, presión diplomática, carga económica de la ocupación y necesidades estratégicas nuevas han llevado a reconsiderar esta postura.

Las discusiones de esta semana se centrarán en la selección de las zonas piloto: pequeños sectores que serán una prueba inicial. Si se implementa con éxito — con el ejército libanés realmente controlando las áreas sin presencia armada de actores externos — este plan podría ampliarse. El ejército libanés, la única fuerza de seguridad legítima en el sur además de la misión UNIFIL, recibirá un mandato explícito para garantizar que esas áreas estén libres de armas y actividades armadas fuera de instituciones estatales. Estados Unidos será el supervisor principal, usando drones, sensores y presencia de funcionarios en el terreno.

¿Por qué ahora?

Tres factores principales impulsan esta decisión. Primero, la creciente presión internacional sobre Israel para cumplir con la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU 1701 — que exige la retirada de todas las fuerzas extranjeras del Líbano. Segundo, los costos operativos del ejército en el sur del Líbano continúan aumentando, mientras que la economía israelí enfrenta presiones de inflación y déficit fiscal. Tercero, la presión interna de los habitantes del norte de Israel: quieren paz, pero también dudan si la retirada debilitará la disuasión contra Hezbollah.

Además, cambios estratégicos regionales también juegan un papel. La guerra en Gaza y el aumento de tensiones con Irán han desviado la atención de defensa de Israel. Reducir la presencia en el sur del Líbano permite realocar recursos — personas, logística e inteligencia — hacia teatros más urgentes.

El papel de Estados Unidos: más que un observador

Estados Unidos no es solo un observador pasivo. Actúa como mediador activo y garante implícito. La supervisión estadounidense abarca el monitoreo directo en el terreno, análisis de datos de inteligencia y apoyo técnico al ejército libanés. Pero el rol de Washington es más profundo: se cree que ha proporcionado garantías de seguridad a Israel — incluyendo el compromiso de actuar si Hezbollah viola el cese el fuego o recupera áreas cedidas. Esto forma parte de una estrategia más amplia para contener la influencia de Irán a través de sus agentes como Hezbollah.

Reacciones de Hezbollah y el gobierno libanés: dos actitudes, una incertidumbre

Hezbollah aún no ha emitido un comunicado oficial. Sin embargo, la política del grupo es clara: exige una retirada total de Israel de todas las zonas disputadas, incluyendo los campos de Shebaa. Cualquier medida parcial probablemente se considere insuficiente — o incluso como una táctica para aliviar la presión diplomática sin cambiar la realidad del poder en el terreno.

Para el gobierno libanés, la toma de control de las zonas del sur es un logro simbólico de soberanía, pero también un peso operativo significativo. Con el ejército libanés mucho menos equipado, entrenado y logístico que Hezbollah, el éxito de este plan depende de si realmente puede controlar la región sin depender de otros grupos armados. El fracaso en esta tarea no solo debilitará la credibilidad del gobierno, sino que también podría provocar nuevos roces con Israel.

Impacto a corto y largo plazo

A corto plazo, esta retirada parcial podría reducir incidentes fronterizos — como disparos aleatorios o ataques con cohetes de pequeño alcance — y dar espacio para respirar a los residentes locales. Pero no garantiza la seguridad a largo plazo. Hezbollah podría probar los límites de la tolerancia israelí con actividades de espionaje o envío de armas en zonas cercanas. Por otro lado, el gobierno israelí de derecha podría enfrentar presión política interna si este paso se considera una retirada sin garantías reales.

En el contexto regional, el éxito de este plan podría ser el punto de partida para un proceso de estabilización gradual — no una normalización completa, pero medidas medibles hacia la reducción de tensiones. Por otro lado, el fracaso podría abrir la puerta a una escalada más amplia, especialmente si Hezbollah lo utiliza como señal de debilidad o si el ejército libanés falla en cumplir su responsabilidad.

¿Qué nos espera en el futuro?

Las negociaciones de esta semana son la primera prueba. La decisión de si las zonas piloto serán identificadas, cómo se planificará su implementación y si la supervisión estadounidense será efectiva en realidad — todo esto determinará la dirección del futuro. Si tiene éxito, los cambios físicos en la frontera podrían verse en unos meses. Pero la historia de este conflicto enseña una lección: la esperanza debe equilibrarse con la vigilancia. Para los habitantes del sur del Líbano, que han vivido bajo amenazas recurrentes durante décadas, lo que desean no es solo un cese temporal de hostilidades, sino una paz duradera y no solo una pausa temporal.

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