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Un marin japonés varado 9 años en Rusia: ¿Cómo regresó a su tierra natal?

Daikokuya Kōdayū, un capitán japonés, quedó varado en las Islas Aleutianas y pasó nueve años en Rusia. Su historia incluye un viaje épico, encuentros con la emperatriz Catalina la Grande y el regreso a Japón después de ser declarado desaparecido durante años. Este artículo revela los misterios sobre cómo un hombre común logró superar obstáculos políticos, culturales y geográficos para regresar a su tierra natal.

29 Jun 20264 min de lectura0 vistasPor Redaksi KhatulistiwaWikipedia — Daikokuya Kōdayū
Un marin japonés varado 9 años en Rusia: ¿Cómo regresó a su tierra natal?
Imagen: Foto: Wikipedia — Daikokuya Kōdayū (CC BY-SA 4.0)
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El misterio de un barco perdido en el océano Ártico

En 1782, un pequeño barco mercante llamado Shinsho-maru zarpó del puerto de Ise, Japón, hacia Edo (actualmente Tokio). Sin embargo, una fuerte tormenta lo llevó lejos al norte, terminando varado en la costa de Amchitka, una isla remota en las Islas Aleutianas, que en ese momento formaba parte del imperio ruso. ¿Qué les sucedió a los 16 marineros? De ellos, solo Daikokuya Kōdayū y otro, Isokichi, lograron regresar a Japón. ¿Cómo se salvaron? ¿Quién los ayudó? ¿Y cuál fue el costo para regresar?

Vida al final del mundo: De las Aleutianas a Siberia

Cuando llegaron a Amchitka, las condiciones eran duras. La isla no tenía habitantes permanentes, pero era visitada con frecuencia por cazadores de piel rusos. Kōdayū y sus compañeros tuvieron que depender de habilidades básicas de supervivencia: pescar, cazar y construir refugios de nieve. Sobrevivieron varios años con la ayuda de los aleutes locales y comerciantes rusos. Finalmente, en 1787, lograron subir a un barco ruso hacia Kamchatka, y desde allí a Irkutsk, en Siberia. Allí, Kōdayū comenzó a aprender ruso y comprendió que la única forma de regresar era mediante permiso oficial del zar.

Diplomacia detrás del telón de acero: El papel de Catalina la Grande

Kōdayū no se rindió. Con la ayuda de un científico sueco-finlandés llamado Erik Laxmann, interesado en la cultura japonesa, idearon un plan para conocer a la emperatriz Catalina II (Catalina la Grande) en San Petersburgo. Laxmann vio esta oportunidad como una manera de establecer relaciones diplomáticas y comerciales con Japón, que en ese momento practicaba la política de sakoku (aislamiento nacional). En 1791, Kōdayū fue llevado al palacio del zar. Catalina, conocida por su deseo de expandir la influencia rusa hacia el este, accedió a permitir que Kōdayū y otros dos marineros vivos regresaran a Japón. Sin embargo, se impusieron condiciones: Rusia enviaría una misión diplomática junto a ellos, que finalmente fue rechazada por Japón.

El viaje de regreso lleno de sacrificios

En 1792, Kōdayū, Isokichi y otro marinero llamado Kōdayū (mismo nombre) dejaron San Petersburgo hacia el puerto de Okhotsk. Desde allí, tomaron un barco hacia Hokkaido (llamado entonces Yezo). Sin embargo, la mala suerte los alcanzó: el tercer Kōdayū murió durante su detención en Hokkaido debido a una enfermedad. Finalmente, Kōdayū e Isokichi llegaron a Nagasaki en 1793, después de 11 años de haber dejado Japón. Fueron recibidos con desconfianza por las autoridades del shogun, quienes los consideraron contaminadores culturales por haber estado expuestos a la religión cristiana y a ideas occidentales. Fueron interrogados durante meses y su historia fue registrada en documentos oficiales.

Legado olvidado: ¿Qué sucedió después de su regreso?

Después de ser interrogados, a Kōdayū e Isokichi se les permitió permanecer en Japón, pero bajo estricta vigilancia. No se les permitió regresar a su pueblo natal ni comunicarse con su familia. Kōdayū pasó el resto de su vida como intérprete de idioma ruso para el gobierno del shogun y falleció en 1828 a la edad de 77 años. Su historia se convirtió en inspiración para muchos, incluido el famoso escritor japonés Shiba Ryōtarō. Sin embargo, detrás de su éxito de regresar, había ironía: nueve años en Rusia lo habían cambiado para siempre, y Japón, que añoraba, ya no era el mismo lugar que había dejado.

Pruebas y testigos: Documentos que confirman esta historia

La historia de Kōdayū no es solo una leyenda. Existen pruebas arqueológicas y históricas sólidas. En Rusia, los archivos nacionales conservan correspondencia entre la emperatriz Catalina la Grande, Laxmann y otros funcionarios. En Japón, los registros del shogun sobre la investigación de Kōdayū aún existen en el Museo Nacional de Tokio. Además, se erigió un monumento en el pueblo natal de Kōdayū en Ise para conmemorar su lucha. En la década de 1990, una expedición conjunta Japón-Rusia encontró los restos del barco Shinsho-maru en las aguas de las Islas Aleutianas, confirmando los detalles de esta historia.

Lecciones de un marinero valiente

La historia de Daikokuya Kōdayū es un recordatorio de que el espíritu humano puede superar obstáculos imposibles. Desde las arrecifes de las Aleutianas hasta el palacio de San Petersburgo, se convirtió en un puente entre dos mundos que en ese momento se desconfiaban mutuamente. Hoy en día, es recordado como símbolo de resiliencia, diplomacia y valor. Quizás, detrás de las largas líneas de la historia, hay un mensaje eterno: aunque estés varado al final del mundo, regresar a casa siempre es posible —siempre que nunca dejes de intentarlo.

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Réferencia: Daikokuya Kōdayū — Wikipedia

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